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Notas de Interés

Área Clínica - Asesoramiento para padres

EL JUEGO EN EL NIÑO
Lic. María Inés Petrovic

El juego constituye para el niño el contenido principal de su vida. Cuando observamos niños pequeños, en casi todo momento, los vemos jugar con cualquier cosa que tengan a mano. El juego es el medio por excelencia utilizado por el niño para expresar fantasías, conflictos, y situaciones no elaboradas. Además, le permite captar y transformar la realidad, conocerse a sí mismo, a los demás, y al mundo que lo rodea.
Logra adquirir conocimientos y habilidades, desplegar su iniciativa, ser independiente, actuar de acuerdo con sus necesidades, ser él mismo.
El niño encuentra en el juego situaciones para ejercitar su poder, y asombrarse frente a lo nuevo y a sus posibilidades de invención. Le permite consolidar sentimientos de seguridad, ejercer un rol protagónico, aceptar limitaciones propias, resignarse ante lo imposible. En una palabra, desarrollar su identidad, manifestar sus inclinaciones hasta llegar a un particular modo de reaccionar ante el mundo, y desarrollar una vocación para el futuro. El niño juega con objetos y en situación, logrando su desarrollo cognitivo y su capacidad creadora. Ante situaciones imprevisibles que surgen durante el juego, puede desarrollar conductas a partir de sus posibilidades, de su historia personal, y de su dinámica afectiva. Estas conductas satisfacen necesidades de sentir, dominar, y transformar la realidad, de acuerdo con sus propios deseos.
El juego no es sin el cuerpo. El niño se relaciona con los objetos y con los otros progresivamente hasta culminar en un espacio y tiempo que logra compartir. Las situaciones de juego primero funcionan como escenario donde proyecta su mundo interno, y luego se incluyen condiciones de realidad. El niño se va involucrando en juegos cada vez más complejos, de acuerdo a sus adquisiciones. Pero sigue ejercitando los logros anteriores más simples, encontrando placer en ello.
Si un niño juega, si puede disfrutar del jugar en soledad o en compañía de otras criaturas, no se avecinan dificultades serias. Si en el juego emplea una rica imaginación y experimenta placer, esto indica que es capaz de desarrollar una forma personal de vida y de convertirse eventualmente en un ser humano deseado como tal, y bien recibido por el mundo en general.

El juego cumple con determinadas funciones, es decir, promueve de por sí ejercicios o actividades vitales durante su transcurso. Podemos enumerar algunas:

  • Ayuda a estructurar las relaciones humanas.
  • Actúa como equilibrador de tensiones o presiones que sufre el niño frente al medio.
  • Ayuda a estructurar el lenguaje y el pensamiento.
  • Ayuda a conectarse con la propia historia y la de la comunidad en la que vive.
  • Permite expresar los conflictos y abrir espacios para conocer y comprender.
  • Hace posible el aprendizaje y reduce la sensación de gravedad frente a errores y fracasos.

Las grandes etapas por las cuales atraviesa un niño en sus juegos son las siguientes:

  • Entre 0 y 4 meses: ejercicios corporales de carácter lúdico por mero placer funcional. Se interesa en sus manos.
  • Entre 4 y 8 meses: juegos con objetos grandes. Integra sus miembros al juego.
  • Entre 8 y 12 meses: juegos de aparecer y desaparecer. El niño se descubre como causa del resultado que obtiene.
  • Entre 12 y 18 meses: juegos con objetos más pequeños y repetición de esquemas de juego anteriores.  Juegos de desplazamiento.
  • Entre los 19 meses y los 4 años: juego simbólico y sus combinaciones.
  • Entre los 4 y los 5 años: juegos que copian la realidad.
  • A los 6 y 7 años: juegos reglados, juegos sociales.
  • A los 9 y 10 años: juegos de competencia y tradicionales.

La buena disposición de los adultos frente al juego, apreciando su valor, es una de las condiciones más importantes para que los niños puedan aprovechar los beneficios al máximo.
Los juegos en la familia son positivos cuando sus miembros pueden ocupar su rol sin dificultades, es decir, sin invadir las posibilidades del niño. Los juegos en el hogar, en la plaza, durante las visitas a parientes o amigos, vuelven más sociable al niño permitiendo que se integre en su comunidad.

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